Las únicas explicaciones públicas las escribiré aquí...
Bien dicen que no juzgues cuando no sabes que es lo que le está pasando al otro.
Y yo últimamente me siento muy juzgada. No está padre. No me gusta llorar mi situación pero así es, soy una mamá sola que a veces, la mayoría de las veces, no sabe qué hacer ni qué decidir, a veces solo me mueve la intuición, a veces solo quiero salir corriendo y llorar.
No, no soy una mamá perfecta, ni mis hijos son los niños mejor portados del mundo, no espero que el mundo reconozca mis esfuerzos o que me aplaudan o que me digan que buen trabajo estoy haciendo... Lo único que quiero es que me dejen de chingar. Perdón mi francés, pero es la verdad. Siento esa presión total de las personas por decirme lo que tengo o no que hacer, mi vida no funciona al cien porque aún no puedo recuperarme, soy autosuficiente pero no independiente, emocionalmente me siento con una fatiga impresionante, mis decisiones no son solo mías, afectan a los dos personajes más importantes de mi historia y mi historia se desvorona cada vez que alguien voltea y me señala con el dedo.
Tengo el derecho a decir que no, que no veas a mis hijos porque los lastimas con tus respuestas evasivas y frías, si no les llamas o no les escribes no estás fortaleciendo ningún vínculo y yo no puedo seguirles mintiendo, mi corazón se rompe cada vez que mi hija de cuatro años piensa que su papá se murió, porque en realidad es lo único que percibe y que mi hijo de siete voltee enojado con ella y le diga "no digas eso porque no se murió" pero algo en el fondo si lo hizo y eso no está en mis manos ni lo puedo cambiar y me duele. Quisiera que su infancia hubiera estado plagada de momentos únicos con un papá que los llevara al cine, a comer, al parque, que les hiciera cosquillas hasta hacerse pipi, que les jugará todas las bromas posibles, que los bañara cantando ópera, que les contara cuentos con tono yucateco, que sea el culpable de comprarles un gato aunque yo los odie, que volvieran a tener esos recuerdos que mi hijo aún guarda en su corazón como su único tesoro de ti. El tesoro monetario que tú puedes darles hoy a ellos se les va a olvidar mañana porque el dinero no puede comprar esos momentos. No estás y no vas a estar, así que procura solo no lastimarnos más con tus pretextos banos.
Tengo el derecho a decirles querida familia política que no quiero que estén en mi vida, porque si en dos años no les importó como me las arreglé, creo que ahora tampoco. Ni como apoyo moral pueden servir, no creo que deberían de sentirse orgullosos de la situación, la versión que ustedes pueden tener es muy personal, aunque yo les escribiera detalladamente cómo es y en lo que se ha convertido ustedes no me creerían porque llama más la sangre que los errores descomunales. Aunque sí el propósito es fomentar una relación con mis hijos, son más que bienvenidos a nuestra vida, yo quiero que ellos los conozcan y los reconozcan, que hablen de ustedes con total naturalidad, que sepan que tienen una familia inmensa que los llena de amor... Pero para favores y quedar bien con su papá no estoy dispuesta a ceder.
Tengo el derecho a pedirte que no me exigas si no sabes cuánto me está costando reponerme, no necesito llorar enfrente de ti para que sepas lo triste que estoy todos los días en pequeños ratos, que lucho por no deprimirme y quedarme acostada en la cama, que lo único que quiero es dormir y cerrar los ojos porque a veces ya no sé qué hacer. Que quisiera irme y volar muy lejos pero en cada ala se sienta un pequeño niño para que lo abrace y no puedo ir muy lejos. Cada vez que veo mis fotos viejas siento nostalgia por no sentirme completa, que envidio a las parejas, que extraño dormir abrazada y que me susurren que todo va a estar bien. Solo déjame cuando me veas así, no me preguntes ni me cuestiones, no me juzgues por equivocarme o tener un mal rato. No soy perfecta, ¿sabes?.
Y tengo el derecho a pedirte que seas honesto, aunque me duela y me rompas el corazón, que me digas, porque prefiero llorar por desamor que vivir engañada como lo hice tanto tiempo. No me prometas nada ni me digas que vas a estar cuando también hace mucho que te fuiste (creo que realmente nunca estuviste), te creí cada palabra que me dijiste por eso te pedí que las dijeras con cuidado pero al final te gano la misma inmadurez que a mí y ahora estamos aquí, tragándonos el orgullo de no hablarnos.
...
Porque si realmente fuéramos honestos y dijéramos las cosas a tiempo no tendríamos que escribirlo en un blog esperando que lo lean.
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